Literatura/Poesía

Poesía de Javier Alvarado (Panamá)

JAVIER ALVARADO 
(Panamá 1982)
Ha dado lectura de sus poemas en quince países. Premio Pablo Neruda 2004. Primer Premio en los X Juegos Florales Centroamericanos, Belice y Panamá 2010. Premio Centroamericano de Poesía Rogelio Sinan 2011. Premio Internacional de Poesía Rubén Darío de Nicaragua. Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillen 2012. Cuenta con doce poemarios.
Javier Alvarado

OFRENDA DE CEBOLLA

 

 

Not a red rose or a satin heart.

I give you an onion.

It promises light

like the careful undressing of love.

Carol Ann Duffy, Valentine

 

 

No me des la rosa

no me des el páramo, las calles.

No me des el tintineo del árbol,

no me des el agua y su cofre de cristales.

No me des las espinas de lo bello,

dame la cebolla

esas que se cultivan en Coclé o en otras partes

donde su piel es blanca,

nívea como un pecho de lobezno adolescente

parda como el plumaje de una  tierrelita

desdoblada sobre la hoja inmóvil.

No me des del labio acuoso

ni el bosque petrificado que llevas dentro

como una copa de vino desmadrada

los dones terrenales y celestiales

que la creación te fue otorgando

con las espigas demolidas,

mejor el cráter nocturno

la cereza pálida

el venado derretido que alza los cuernos

en los festines de la cama

olorosos como la canela llevada en el desierto

el sexo en el pico del ave

que va goteando el semen táctil

o la enjundia del misticismo en la semilla.

Prefiero huir de tus reinos

y dejar el servicio puesto,

los utensilios, la comida fría

esa es la comunión de tu cuerpo al pelarte

al quitar la piel y ser poseso del cuchillo

y descubrir tu carne en gajos curvilíneos

que se abren despaciosos como un milagro

o un pacto de Dios en los corderos.

No me des nada,

solo sembrad una cebolla aquí en mi tierra

que el tallo vaya creciendo hasta alcanzar

la desmesura del cielo y el juicio de todos los confines.

Yo te dejo una rosa,

te dejo los vientos, los mares, las residencias

todo lo palpado, oído,  gustado, visto y olfateado.

No me des los dones, no me des el cuerpo.

No me des las estaciones

ni el abrigo ni el paraguas.

Arrebátame todos los vegetales del mundo

pero no me dejes en orfandad

sin  la cebolla.

 

 

LA PINTURA AL OTRO LADO DE LA PARED

 

Atardecido por un bosquejo, ante un parque francés

dominando las silabas y el falso otoño

que empieza a reordenar las hojas

imaginándote desnudo en la cabalidad del soplo

como un soldado de terracota o como un noble escocés

llevando la boina de las banderas resurrectas

y un enjambre de zarzamoras silvestres en la boca

dominando mi palabra que se turba ante tu forma

murmurada o simbólica de expresar

tus pequeños cuchillos silábicos que se clavan al silencio

con el más comedido amor o como el sol que se columpia

en tu cintura, entre los retablos abandonados

o los campos repletos de ovejas,  donde me posesiono

de una

e imagino la lana de tus vellos dominando

el hálito del lago o del mar que se nos viene como un secreto

si tu cama es como una rueda donde puedo invocarte

como un signo zodiacal o como un niño quieto

en el ámbar de mi simbólico orgasmo

dejándote como el testigo imperecedero de mis cópulas pasadas

sí, talvez está el orgasmo pasado en mi futuro contenido

los viñedos derrotados y asistidos en las comuniones con el fuego

el entierro de los tordos cuando atravesamos los campos moteados

de cuarzos y de húmedos golpes

o de casas que se van hundiendo lentamente al azote del río

que como un dios connubial va llegando al mar para desvestirse

y unirse a la sal de los convidados

ojeando las mansiones terrenas que dominan como dientes

la dentadura de la costa, algo lúdico y metafórico

 

como mis ojos aborígenes           mirándote

y tú solo riéndote e incapaz de murmurarme una clave

o sencillamente imaginar el árbol de raíces de fuego

que tiembla clamándote por hacerte hoguera

explosión brutal, hongo de Hiroshima

o posesión de la lava desde Pompeya y Herculano

hasta mi canal de Panamá debajo de tu semen magmático

 

El cerebro no se guía de las bajas pasiones, dirás

tan energúmeno es que se esconde o apacigua sus deseos

en el ejercicio de la letra,

 

tus dibujos de cabezas antiguas

que no ansían mirarme, quizás no lo sé

todo es un vértigo increíblemente perseguido

he de ser un hada acomodándote los músculos del rostro

o un pequeño pedestal donde ha de dormir

tu cuerpo;

puedes pensar de mí, un común homosexual

o una reprimida puta, tú puedes ser un cielo

y yo tu pájaro abreviado, un lingote

vegetal asumido a tus guarniciones infinitas

en las angustias del sándalo y del trébol

conjugando a un Salomón y a una reina de Saba bendecida

por estas mercaderías y caravanas de olores tropicales

tan diminuto me puedo quedar como un grano en tu cosecha

en tu adobe solar que se transmuta en oros y topacio

en mórulas vocales que dominan el arrebato de la lengua

las cámaras y las nuevas postales de una tierra nunca vista.

 

Dirás: No soy la causa de tu desdicha

y ante otros también te rendirás.

 

Una palabra amarga basta para dulcificarse

en aquellos que creemos y que puede ser la miel

más heterogénea, homogeneizar dos cuerpos

en una sola perfección de células.

 

 

 

POEMA EN RESPUESTA A JEAN PAUL SARTRE

QUE ME HA ENVIADO A UN LEÓN-MAYORDOMO

PARA QUE ME ESCOLTE A UNA HABITACIÒN OSCURA,

ERÓTICA, CON MUCHOS OJOS Y CON LA PUERTA CERRADA

POR FUERA Y CON EL CUAL DESEO QUEDARME

 

 

                                                                                      A Alexis Jaramillo y a su sempiterno león

 

 

 

 

Entrar con el símbolo o la voluntad del cisne

conocer tu cuerpo de león que se desmadra

rasguñando los cordones y las sombras,

tu aliento fálico  que se eterniza en el carámbano de las nubes

lo que llena de molinos y  de algas las peceras y los dormitorios

ese arco de las costillas donde se ensalivan los plenilunios y los soles

el ombligo donde se alberga la quilla antigua de los buques amorosos

y los sordos embarcaderos

donde los jóvenes novelistas aguardan con un lápiz sepultándose;

tus ojos de loto pensante que esgrimen la correspondencia

de Dios

con los sellos sexuales de la lluvia

ese gatear de estrella por el teatro a oscuras

tu labor de cancerbero en la punta de mi lengua

arrastrando a los poetas, a las lesbianas y a las locas perdidas con tu látigo de sangre

si hay camelias crucificadas que preguntan por su cólera de huesos

por esa orientación de mis manos hacia tu melena aleteante

un balbucear de pájaros que se constelan en la seda de mi grito

un paraguas de uñas para verte surgir como el mediodía nevado

la cristalización del viento que me acerca al otoño y sus raíces

con las auroras boreales que nos salen de las manos

una quietud fresca como invernadero que se inicia sollozando

entre el vapor de los legajos muertos que dialogan con la espiga

como surfers anudados a las olas tronchadas

rostros de sueño que se invaden de comedias berreantes

sombras dactilares que trepan la rosa suicidada

candelas de miedo que supuran astros de melancólica gota

donde los sastres trepan los árboles con la aguja desafiante

con el limo y sus costuras y los nidos envenenados de la arteria

tanta trepidación de la campana homófona y de los renos que reúnen los exorcismos de otros reinos

algo que sucumbe como la heredad en el espejo

o la fatiga de arrastrar los corales y las fechas de la Facultad de Bellas Artes

si volvemos a ser un nombre o una estatua con nombres anónimos

María, Jazmín, Javier, Victoria, Alexis,

Estele, Garcìn, Inés Serrano

El camarero de los arcabuces y la noria

que se colma de mendigos y de soldados que se enlutecen de blanco

que se abandonan en las calles con los ojos osteoporados y que arrojan violines podridos a las estaciones de la luna

Jinetes que se cubren de maleza

en los jardines del hambre

algo que oye piafar a la ardilla

con su cola amarillenta

con la levedad de los rabihorcados

y la comunión de las cerezas

amapolas que se disponen a ser heridas

por casas de materias nerviosas

o ruedas de maderas pobres

y chirrean las aldabas, las bisagras, los sexos de las puertas

lo que es despertar junto a una mujer desconocida

y que inunda de aguas fluviales

la espalda de la ciudad

que babea sobre los ferrocarriles

que trafican el granate,

los números abiertos

que portan las clorofilas de tu piel hidratada por ausencias

cuando soy el espectador del deseo en meditante agonía

el aplauso ebrio ante las multitudes que tiemblan en el gozo

en una habitación donde nos buscamos con los ojos cerrados

con capitanes ebrios que sucumben ante el timón de los bares y el infierno

continuamente con esa tempestad de las almas y de los cuerpos nupciales,

ese epitalamio de la miel que te persigue

como una cuerda roja para amordazar estrellas

sustancias que salen de tu boca y que mi boca energúmena

liba, chupa, engulle, lame

para devolvernos a ese gesto solo

del teatro a oscuras,

del espectador a oscuras

del león cancerbero a oscuras

donde empieza a iluminarse la cópula del mar y su almirante.

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