Cine/Crítica

No sé si cortarme las venas o dejármelas largas

Yo le hubiera puesto “No sé si cortarme las venas o contarte mis penas”

 

@MelissaDeCima

 

 

postervenas

 

Con este título,  parto de la idea de que habla de una sociedad que está desesperada.

 

En esta peli tenemos los estereotipos que en el siglo XXI prevalecían hasta por debajo de las coladeras. “La farmacodependiente”. “El macho”. “El gay”. “El frustrado”. “La facilota”. “La esotérica” LOTERÍA.

 

Está muy bien retratada una sociedad que me suena familiar, una sociedad que busca lo que no tiene, que actúa con el sentimiento y no con la cabeza, y que las decisiones que todos toman los llevan hasta sus últimas consecuencias sin perdón. Al mismo tiempo podemos ver, en estos 4 departamentos, una sociedad integrada por humanos de carne y hueso que apuestan todo por lo que quieren, por lo que los mueve y que tal vez caen mil veces, pero se levantan.

 

Un típico comienzo que narra un “Érase una vez unos vecinos que cumplían con una rutina diaria y aburrida, hasta que…llega un nuevo vecino y empieza la aventura”.

 

Me parece interesante cómo Manolo Caro nos deja ver a través de las puertas de estas familias o parejas más bien. Me lleva a aludir a Hitchcock cuando decía que no hace falta romperse la cabeza para buscar una historia extraordinaria, sólo hace falta mirar los techos de la ciudad y elegir una casa, una familia. Ahí seguro encuentras un buena historia.

 

Me quedo con varios temas que Caro se atreve a tocar en esta obra:

 

El miedo. Por más liberal que es hoy en día nuestra sociedad tenemos miedo a ser juzgados por el vecino. No nos queremos mostrar débiles ante nadie y preferimos pretender que somos fuertes, que todo está bien.

 

El egoísmo. Tenemos ya suficientes problemas como para fijarnos en el del vecino, además una vez que te das cuenta de su problema vas a sentir culpa si no lo ayudas, mejor preferimos no enterarnos.

 

Las motivaciones. Todos necesitamos tener algo que nos recuerde que vale la pena vivir. La vida es una carrera de obstáculos que propone vencerlos. Si no hay motivación no sólo es difícil brincarlos, sino durar mucho tiempo en la pista.

 

La universalidad. Creo que una sociedad heterogénea es lo que la hace rica. No hablo sólo de tener tolerancia entre nosotros, sino de una actitud de aceptación y de amor hacia los demás. ¡¿Cuántas veces queremos cambiar los defectos del vecino y no miramos los propios?! Me recordó a la urgencia que existe por aceptar a las personas que te rodean y me hizo darme cuenta que a medida en que yo acepte a los demás seré aceptado. Por más que uno se haga el auténtico o el rebelde todos tenemos inconscientemente una necesidad de pertenencia a un grupo o a una sociedad. En la peli cuando prueban la alternativa de dejar de excluirse, tacharse y juzgarse, las cosas cambian; los problemas tal vez no se resuelven del todo, pero se comparten y la carga es menos.

La soledad. Puedes estar en el Estadio Azteca, puedes tener una familia, estar casado, o tener miles de amigos, pero al mismo tiempo estar completamente sólo. Creo que una característica que define nuestro siglo es que nuestro foco de atención no está en encontrar a una pareja para toda la vida ni en tener hijos. Esto hace que las relaciones entre personas se vuelvan desechables, sin compromiso, nómadas, viviendo el presente y sin construir un futuro. Esto tiene repercusiones en la vida emocional que gobierna la mitad de nuestro cerebro. Lo solemos asociar como desgaste, fracaso, frustración, lo que nos lleva a depresiones, estrés y en el peor de los casos, a suicidio. Siento que esta nueva modalidad se vuelve parte de la causa que provocan esta soledad de la que hablo. Es un círculo vicioso porque uno lo produce con las decisiones que toma. También hablo de una sociedad sola porque no cree en nada. El ser humano tiende a creer en un ser superior ya sea una energía, una fuerza, una deidad o un universo. Nuestra sociedad es imperfecta, pero somos perfectibles. Hace falta una esperanza, una compañía, una explicación de las cosas.

 

Me gusta el guión porque lleva un buen ritmo, peripecia tras peripecia y no deja ningún hilo suelto. Una comedia no tan ligera por todo lo que nos deja pensando. La actuación de Ludwika Paleta y Luis Gerardo Méndez me parece buenísima además de grandes personajes a quienes les dan vida. La fotografía me motiva a pensar a que el cine mexicano ya se saborea diferente, se acerca a lo mejor y puedo decir que me parece una película muy bien hecha. La onda de las puertas y que entra un personaje y sale y sube y baja, y que son vecinos de pared con pared, conserva ese sabor teatral que habla del origen de la obra.

 

Es una película que sí recomiendo. Si no te identificas con ninguno de los personajes, no te preocupes; yo no lo hice con ninguno, pero ¡ah! ¡Cómo me reí!.

 

 

No Sé Si Cortarme Las Venas o Dejármelas Largas

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