Poesía

Selección poética de J. Andrés Herrera (México)


J. Andrés Herrera

(México, 1990)

 

J. Andrés Herrera

 

J. Andrés Herrera. (México, 1990). Poemas, cuentos y otros textos suyos han aparecido en diversas publicaciones impresas y digitales. Es miembro colaborador de la revista Tajo de Lima y de la revista digital Ombligo de Cd. Juárez. Estudia Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFyL de la UNAM.

 

 

 

“la noche es larga, Caifanes…”

El lago imprescindible en el centro de Cuernavaca

(a manera de prólogo para Alucinaciones y sueños coníferos…)

No tengo el color inimaginable para escribirte. Si no me oyes tocar la guitarra como maldito loco negro de los 60’s o como rubio australiano del Siglo XXI, si no me miras tras un sax francés con rizos grasosos, si no me escuchas al amanecer en Ámsterdam borracho y con los gatos tras de mí es porque no tengo nada que darle al mundo después de mi terror. Si escribo, es para que la ausencia y otros plagios milenarios no nos degüellen dormidos. No tengo principios para el mundo así que escribo para ti. Separados milimétricamente, el mundo no será más que imaginado amigo compartiendo el ansia y esta confusión de andar en lo cotidiano bailando funk. Para cuidarme del mundo, y para no herirte, voy a escribirte a nado bajo el agua con la forma de los cuerpos relamidos. Vomito el alma para ver el camino y sólo queda la caída de la luna, el aljibe seco que nutre la casa, la manzana verde matutina y el valle marrón con los pinos rojos por culpa de la lluvia ácida, todo lo demás, lo que no imaginamos, ya está muerto. Los invoco, cuerpos olvidados y presencias que abandoné. ¿A dónde va el agua, Sombra de agua? ¿Conoces a los bailarines azules, Sombra de agua? No hay camino, el agua es dañina, nunca hallarás mi cuerpo de cristal ni mi sombra. Éstos no son demonios: Cerebro Irreal, debí haber nacido en otro infierno no llamado tierra. Ante este árbol de cenizas, destrózate el cráneo con algo más poderoso que un calibre 38, pero que no mata. Ata una llamarada huichol al suelo. Piedra extendiéndote en el subterráneo, yo te conjuro de silencio inimaginable. Me quedo callado por respeto a los dioses del agua. A ver si entre la furia el miembro conoce su cenit en medio de una de estas palabras. Me quedo callado para no extrañarte. Voy a escribirte para no acuchillarme. Arrojo la piedra: las palabras salen volando, se derriten, caen sobre el lago y nada. ¡Aleluya la noche!

 

Se acabó la dietilamida o no fue la poesía ácida

(un epílogo, la brújula, o un homenaje a los perros del cantón)

 

Potros, cientos de potros de colores salen de una Macintosh en movimiento.

Potros en el aire que son el eco visual de Tame Impala

Potros urgidos de jeringas y presencias demoniacas

Potros estrábicos mirando el camino de las hormigas

Potros allá huasqueados tras el punto rojo en medio de la noche

Potros viajeros de las páginas de coca y colas

Potros de ensueño que cabalgan hacia tardes opiáceas

Potros acelerados por la blanca

nervadura de otros ojos

Potros a la espera de los hongos en el llano

Potros con la cabeza dislocada

Acibérrimos potros engullendo Jícuri

Potros-dioses inhalando las industrias

Potros vagabundos prendiéndose en el viejo salón de blues de mi amigo Jack con una canción que huele a hierba. 

 

El primer día

Te llamarás Úrsula
como la areola donde naufraga la humedad de mi boca.

Damaris Caballero

Y no habré oído nunca lo que nadie me dijo:
Tu nombre, poesía.

Gilberto Owen

R, erré, una y otra vez girando y girando

Tras el baile de las rodillas flexionadas

Que viene desde Jamaica.

Y como ahí, como en mares

Azucarados por la dulzura del gueto,

Y como ahí, en el Jam-Rock

De los barrios que han olvidado

La pobreza que siempre es de los otros,

A paso de un buen reggae, porque es cierto

Que nosotros no tenemos nada

Pero tenemos Ska y tenemos Sound system,

Y porque es cierto que ahí no existe más que tu presencia,

Porque no necesito dinero en llamas

Ni jaulas de metal protectoras,

Justo ahí, y con baile, repetiré tu nombre

Mónica

Una y otra vez te cantaré con estos dedos

Porque no tengo ningún talento

Para girar este truco como dicen los Pixies,

Pero puedo susurrarte o gritar

Desde cualquier lado porque tengo una voz

Como un niño

Que está perdido en un desierto de oscuridades,

Porque tengo una voz que ha construido

Los lugares más recónditos de la tierra

Para hallarte una y otra vez,

Luego del vacío, luego del viaje

De la no-luz, luego de cansarse,

Por accidente, en los no-lugares,

Porque tengo una voz de suicida infantil

Aquí mero, morena, aquí mero te espero

Con tu camión desde Neza

Y repetiré tu nombre como un cliché de los poemas

Para que mis compañeros de noche ladren:

 

Qué cabrón, qué violento, qué poesía de repeticiones,

Duda las estructuras sociales y los tiempos

Y las corrientes postpornográficas del mañana.

 

Aunque sepamos que en el vicio

Eso es pura falacia.

Colocaré una bandera, territorio conquistado

En infinita blancura suplantada,

En tierra muerta de Eliot,

En bosques olvidados de Tepoztlán,

Te llamarás Mónica con redobles

De símbolos de otras culturas,

De otros numerales, con cuarenta signos

Te llamarás Mónica una y otra vez y nunca

Hallarás significante concreto

Porque tu nombre es incontenible

Como la Banda Astilleros.

 

Llegas como un eco,

Grito de la montaña invertida por el fuego,

La ciudad de ninguna tiniebla y ninguna luz,

Para empotrarte en la cima más alta

De las nonadas de los nonatos:

Mónica, Mónica, Mónica,

Kaboom, explosión de manga,

De orquídeas, de ambient,

De nieve de menta con chocolate,

De rock deshilachado en las televisiones,

Siempre tendré que marcharme de estos lugares,

Siempre tendré la garganta rota y la memoria reseca

Como un nido que las lagartijas se tragaron,

Mil hojas muertas cayendo al mismo tiempo en el momento en que inhalo otro relato y después:

Otro silencio,

Otro infinito andar de desiertos,

Para no cansarme de repetir tu nombre a la ausencia

Y a otros asesinos melancólicos en las esquinas,

Recorreré el mundo y pondré una huella

Sobre el dios de la guerra: las metralletas pasaron de moda

¡Vivan las cumbias colombianas de México

Y los ballenatos de mi amigo el diablo!

Pasarán dos, tres cuartos, de cáscara de vida acumulada,

Olvidado y perecido mente adentro tu sueño

Susurrarás en mi boca:

Inmortal, desposeído, apoeta, indiablable, descreído

Sin vida, mi vida, altar ciego, traigo una vela,

Incendia tu desperdicio de ideas chuecas,

Tenemos un espacio iluminado sólo para nosotros.

Temblaré, amor, susurraré amor, y ya no podré repetir tu nombre

Porque ya nada importará entre el silencio,

Y no habrá ganas de nombrarlo nada,

Y habrá acaecido el primer día de mi por fin nombrada suerte.

 

IV

Y si al final inevitablemente estás frente a la pantalla y no quieres hacer nada, empieza diciendo esa situación precisa y mejor toma otro papel. Regresa a la pantalla blanca y enciérrate ahí. Vuélvete loco de tan blanco como un cuento de Marco Antonio Campos. Toma tu pescado blanco, tu leche blanca, tu esperma blanco, tu rabia blanca, tu filo blanco y adéntrate. Abre un orificio en el centro -siempre en el centro-. Cae y no te detengas. Vacíate de(l) golpe. Mancha algo sublime de tus rickettsias. No infectarás nada. Sé el terror que exprime un segundo hasta desaparecerlo. Este sitio es irrepetible y se hace único, pero este sitio no es para ti. No te has puesto los guantes para no dejar huella. Desalístate del ejército. Tienes el arma en el bolsillo y cuarenta años adelante. Alístate a otra muerte. Báñate en tu estupidez y presume. El mundo está repleto de sistemas para burlar. Piensa que tienes una bomba en el cráneo, que tienes una bomba en el cráneo, TIENES UNA PUTA BOMBA EN EL CRÁNEO. Esta permanencia tan fugaz me deprime. Con cuánta certeza hemos amado con todo, peleado con todo, trabajado con todo. ¿Cuánto es todo? ¿A qué equivale mi fe toda? ¿A cuánto sale mi poesía toda? La compro para ser nobel, ilustre, culto, soberano emperador del raciocinio. Venga y págueme por hacer unos versos; si no, no esté ladrando. Alístese en la fiesta y comparta su irrepetible existencia. No se desanime. El infierno está acá a la vuelta. ¿Ah, no hablaba del bar? Ah, no, no, nono, no, no.  No conozco ese lugar; siempre creí que era un bar. Suelta tu lengua y pregúntate a golpes en el esófago: ¿y la obra de Dante? Es primavera y es Cuernavaca y estamos de fiesta porque es mi cumpleaños. Éste es el día de los lugares repetidos. La ceguera me amanece. Aquí está el blanco. 5:20 a.m. El aire sofoca. Este calor es insoportable. ¿Cuántas tardes amanecen este día? ¿Por qué esta acumulación de sol para ser sensibles? Despierto con una mentada entre los labios. La muerdo como si el aire pudiera morderse. La muerdo y todo se torna anaranjado. Es demasiado hermoso. Una emoción comienza a acumularse en mi cara hasta doler; entonces, saco de nuevo mi daga y penetro el centro del papel -siempre el centro- y me caigo de(l) golpe y me vacío y me desparramo y me vuelvo loco de tan blanco.

 

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