Artes Plásticas y Visuales

Como Frida sólo hay una

Como Frida sólo hay una

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Hay algo mucho más importante que formar una legión interminable de artistas. El hecho de poder formar seres humanos pensantes y sensibles es imprescindible. Entiendo y reconozco que primero va la salud, comida y vivienda, pero el arte abre las puertas al criterio, la creatividad, la valentía, la disciplina, la imaginación, la innovación, el discernimiento.

Por Alejandro García

 

Hay tanto, pero tanto que podría hablarles del arte en Guatemala. Ser, quizás, cliché y referirme al poco apoyo, o ser tal vez optimista y jurarles el boom creativo que existe actualmente en todas las ramas del arte guatemalteco, ambas son ciertas. Podría hablar del crecimiento literario y las editoriales independientes, o también del nuevo movimiento musical de esta década, incluso de los cientos de ilustradores/diseñadores/animadores/fotógrafos. Y, repito, todas son ciertas, válidas y sí, sumamente relevantes, pero (…), pero si del arte en Guatemala hablamos creo que no quiero hablar de otra cosa más que de Frida Kahlo, pues como Frida solo hay una.

4La Escuela de Niños Pintores Frida Kahlo es, tal y como su nombre lo dice, una escuelita – así le dicen de cariño – dedicada a enseñar pintura a niños y niñas. Pero es más, mucho más que eso, es un umbral creativo, es un hogar literario, es una caverna psicodélica, es un rincón de mágica bohemia, es colegio espiritual y formativo. Las cálidas manos de Ronal y Betty fundaron esta escuela hace 20 años, de los cuales conozco apenas 4 y cada vez que toco ese timbre, el perro ladra y alguno de ellos dos me recibe con un “Ah, ¿qué onda vos?”, ha sido una aventura bellísima y muy productiva.

Hace exactamente un año, determinado a darle relevancia artística a la labor de la escuelita, realicé un reportaje en el que busqué entrevistar a los niños que habían cursado durante los primeros cinco años. De alguna forma mi intención era comprobar que los niños pintores crecían para ser adultos pintores, o artistas, escritores, músicos; en fin, creativos. Fallé miserablemente, los adultos ex niños pintores que entrevisté no son artistas. Pero… no temáis, lo que encontré no deja de ser igualmente bello.

Mario –Marito- Maldonado, uno de los primeros alumnos de la escuela, el niño que cortó el listón inaugural, estaba trabajando hace un año en su tesis de ingeniería ambiental. Ana María Melgar, ahora de 20 años es estudiante de antropología y ha participado en la organización de festivales como la Muestra de Cine Internacional Memoria, Verdad y Justicia, además forma parte de Emancipa Producciones.

Pero no es el título lo que pesa, sino cómo todos y cada uno recuerdan con cariño la escuelita y además, todos concluyen en la calidad de cultura, la creatividad, el juicio crítico y la sensibilidad que aprendieron de Ronal y Betty. Lo que a mi criterio, justamente, carece la educación guatemalteca, no en formar máquinas programadas a repetir, sino seres pensantes, sensibles e imaginativos apasionados por crear.

“El año que se fundó nosotros llegamos con mis hijas” relata Marta Molina, madre de Sofía, Lucía y Diana, tres pequeñas Fridas que disfrutaron su niñez en la escuela. “Estaban encantadas – yo también -. Iban a exposiciones, desfiles, marchas; desarrollaron su inteligencia y creatividad, creo que de no haber pasado por ahí tendrían un punto menos en su formación, uno muy valioso”. Así hay varios, hay más ingenieros, maestras de educación primaria, pedagogas, comunicadores, etc

 

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Ahí estaba yo,  hace un par de años en ese rinconcito psicodélico en la frontera de la zona 2. En ese hogar tan ajeno pero tan propio con cámara en mano tomando fotos para mi tesis – desde ya me disculpo por mencionar una de las actividades menos creativas de mi carrera con ese precioso lugar, pero así fue como pasó –. Ya tenía suficiente material, incluso estaba guardando mi cámara cuando un chiquillo, de 5 años a lo sumo, empezó a halarme el pantalón para llamar mi atención. Por la ocasión le llamaremos Diego.

-¿Señor, señor? – me hablaba con su tierna vocecita – Señor, ¿usted conoce a Dalí?

Vaya si lo conozco, es decir, su obra, sin embargo, sabía que había algo más que un “sí” o “no” en esa inocente pregunta. Asentí esperando su siguiente movimiento.

-¡Venga, venga! – y salió corriendo como a quien se le olvida apagar la estufa.

El pequeño entró despavorido a la vasta biblioteca de la casa, esa que tiene cuadros de otros niños, quizás alguno de él, libros de Monet, del Gabo, una amplia colección de títulos infantiles, acetatos de los Beatles y Johnny Cash y demás tesoros indescriptibles. Con perfecta memoria y agilidad extrajo un tomo blanquinegro, bastante gordo y pesado de una librera de madera, su bracitos apenas pudieron ponerlo sobre la mesa. Era, justamente un libro de fotografía del antes mentado Salvador Dalí.

Con la misma velocidad abrió el libro a la mitad y suavemente pasó las páginas hasta detenerse en la magnífica escena conocida como Dalí Atomicus y con cierta bondad me preguntó si podía hacer “eso”. Me veía con confianza, con orgullo incluso, si siquiera conocerme. Le respondí que no, que no podía.

-Pero, ¿por qué no?

-Porque no tengo gatos, – le respondí esperando una sonrisa que borrase su decepción – ni una silla así. –

Antes de retirarse desilusionado simplemente dijo “me gustan más sus pinturas que sus fotos” y en ese momento temí. No por él, ni siquiera por mí. Temí por los millones de niños que recibirán el mismo acercamiento mediocre que yo recibí hacia al arte por parte de sus colegios y escuelas. Que así como yo, llegarán a quinto bachillerato y pasarán horas memorizando las columnas jónicas, dóricas y corintias sin siquiera haber conocido a Van Gogh, a Manet, a Da Vinci, por mencionar apenas los nombres más conocidos. Temí por la falta de creatividad en el sistema educativo guatemalteco. Temí porque habrán más Alejandros que Diegos y no las suficientes Fridas Kahlo para rescatarlos de esa terrible negligencia.

 

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Me considero, de alguna forma, afortunado, pues a pesar de tener tan nefasta formación cultural pude encontrar y sobre todo apreciar lugares como éste. Hace unas semanas, cuando Dante Barbeyto, un muy buen amigo con quien hemos compartido cd’s, libros y películas, colaborador de esta Revista Vórtice, me pidió que escribiera algo libre sobre el arte en Guatemala mi mente voló a cientos de temas como les dije en un principio, llevo cuatro años dedicándome de lleno al periodismo cultural pero sin temor a equivocarme, esa pequeña casa en la zona 2 ha sido mi descubrimiento más querido.

Conforme fui creciendo creo que perdí cierta sensibilidad y expectativa, en una ciudad como Guatemala es inevitable dejar secar una costra dura sobre nosotros mismos, volverse impermeable a la esperanza, pero Ronal y Betty son capaces de devolver ese calor, claro, ellos por particular pero el arte en general es capaz de lograr esto.

A través de ellos empezó una fijación en mí por determinar y predicar la importancia que tiene el arte durante la formación de un niño. Podría citar investigaciones o trabajos académicos, pero creo que basta con ver la tenacidad y capacidad creativa que tienen estos niños para darnos cuenta de ellos. Y a Frida Kahlo se unen otros fantásticos esfuerzos en Guatemala como Trasciende, el Conservatorio Nacional, la Escuela de Danza Contemporánea, el Sistema de Orquestas Municipales en donde miles de niños pueden encontrar su vocación, su pasión, un pasatiempo o simplemente desarrollar esa sensibilidad y criterio propio que tanto hace falta.

Creo que mucho, muchísimo se puede alcanzar a través del arte, socialmente hablando. No pretendo que cada niño y niña que tome una guitarra sea un músico consagrado, hay algo mucho más importante que formar una legión interminable de artistas. El hecho de poder formar seres humanos pensantes y sensibles es imprescindible. Entiendo y reconozco que primero va la salud, comida y vivienda, pero el arte abre las puertas al criterio, la creatividad, la valentía, la disciplina, la imaginación, la innovación, el discernimiento, etc.

Para algunos de los niños – y ya no tan niños – con los que he platicado de la Escuela de Niños Pintores Frida Kahlo su estadía ahí y el estar cerca del arte significó placer, para otros libertad, para unos relajación, pero para alguno, quizás uno de cada diez o veinte, treinta, cien signifique la salvación.

Antes de ponerme sentimental – ¿o ya es muy tarde? – quiero que sepan amigos nicaragüenses que el arte en Guatemala está jodido, está bien fregado pero también inmensamente bendecido, basta con voltear a ver a este tipo de esfuerzos para darse cuenta del potencial cultural y social que representan, del cariño, cuidado y confianza que impregnan en los niños que, arriesgándome a sonar cliché, son el futuro del país.

 

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“Te voy a decir la verdad Alejandro, yo nunca he estado de acuerdo con la educación, no lo estuve como niña y mucho menos como maestra, eso creo que me inspiró” Betty

“La mente de un niño capta mucho, ellos saben mucho. Cuando nosotros proponemos una dinámica ellos saber cómo resolverla, y si no saben, buscan cómo hacerlo, tienen esa firmeza, esa valentía que muchas veces en los colegios no es enseñada, es más bien suprimida” Ronal

“Cada niño que recibimos creo que simboliza lo que peleamos con la escuela. Lo recibimos con bondad y él o ella de nosotros pide paciencia para verlo crecer, debemos confiar en ellos porque cuando menos lo esperamos florecerá” – Ronal y Betty, Escuela de Niños Pintores Frida Kahlo.

 

 

ALEJANDRO GARCÍA (Guatemala 1989):

Director de la revista cultural en línea esQuisses. Egresado de Ciencias de la Comunicación. Experiencia laboral en medios: como elPeriódico, Diario de Centroamérica, Siglo21, Prensa Libre. Periodista cultural desde el 2011 en el Diario de Centroamérica, Siglo 21 y esQuisses. Ha sido publicado en Te Prometo Anarquía. Fundador, editor y reportero de esQuisses. esQuisses es un sitio web dedicado a la difusión, promoción y análisis del movimiento artístico y cultural guatemalteco.

 

Agradecimiento

Agradecemos a Alejandro García por compartir con nosotros este excelente artículo que nos acerca al panorama artístico de Guatemala. Gracias por construir puentes. Un fuerte abrazo para nuestros amigos de esQuisses.

 

Fotos: Alejandro García y Victoria Castañeda 

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Un pensamiento en “Como Frida sólo hay una

  1. Buenos días,
    He visitado tu blog para leerte y para entregarte un premio para bloggers. Más información en mi blog: eleygrey.wordpress.com.
    Enhorabuena por vuestro trabajo y saludos.

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