Poesía

La lluvia en verano de Alexander Zosa Cano

 

Alexander Zosa Cano

(Chontales, Nicaragua 1987)

 

Alexander Zosa Cano Vortice

 

Este año se publicará la edición digital del poemario “Lluvia en verano” del poeta Alexander Zosa Cano. Este poemario fue publicado bajo el sello editorial de la Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores en el 2014, y esta vez te compartimos el prólogo que escribió la Dra. Isolda Rodríguez Rosales, miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, para este trabajo.

 

Poemas en una vasija de barro

 

Dra. Isolda Rodríguez Rosales
Miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua

 

Emergiendo de la ubérrima tierra chontaleña, se alza la voz telúrica de un joven que tiene sus raíces bien plantadas en los llanos de Santo Domingo, para evocar a sus ancestros mineros que hurgaron en las entrañas de la tierra misma.

El poemario “Lluvia en verano” está formado por siete secciones: Aguas, Lluvia en verano, Veranos, Elegías para un arquitecto, Taciturno, Silencios y Deshielo de ríos, todos ellos, cantos a la tierra en los cuales el poeta surge de los surcos, de las entrañas chontaleñas, como el Ser que es consciente de ser parte de todo, como dice el Popol Vuh hombres creados del barro mismo de la tierra.

Se adentra en los túneles cavados en la entrañas de la tierra y se vuelve parte de ella, se mezcla, revolotea y canta, escribe con sus “manos de barro” y así lo expresa en el poema que titula precisamente, Manos de barro:

De légamo has llenado mis mejillas,
mis manos adheriste a la vasija mortuoria de mis patriarcas
que vierten ríos de leche o sangre aborigen recogida
en las piedras de oblación: rito sagrado.

Hay una constante mirada hacia sus antepasados, a quienes considera los forjadores de la vida en Santo Domingo, al tiempo que rescata los ritos ancestrales, hurgando en el pasado, recatando la memoria, aferrado a una vasija de barro. Porque el barro mismo es la vida, purificada con la sangre de la oblación, los ritos y rituales de los chontales que poblaron estos lares.

Uno de los poemas más representativos de este poemario es “Túneles” en el que el referente cercano y querido son las minas, donde las generaciones anteriores hurgaron con la esperanza puesta en el mineral preciado. Estos mineros también fueron jóvenes y tenían un ideal que los nutría. Del trabajo de estos mineros nace el poblado. Veamos lo que dice Cano:

Los jóvenes de otros siglos
envejecieron en estos túneles con las manos llenas de callos,
el cabello se les enjabonó, sus mejillas se marchitaron;
sus anhelos en ningún tiempo fenecieron: conquistar los colores
y pintar los paredones del túnel azur.

La aldea nació en los brazos de una mina,
los cascos, las palas, los picos rodaban…

lluvia-en-veranoCon un lenguaje sencillo pero hermoso, Cano pinta la épica de un momento de la historia de hombres que se adentraron en las entrañas de la tierra y allí dejaron su juventud, pero no sus sueños. De su trabajo nació la aldea, expresado metafóricamente en los versos “La aldea nació en los brazos de una mina”, y usa la “humanación” al darle a la mina carácter humano: los brazos que acunaron la aldea. Hoy, muchas minas se han agotado, porque han sido sobreexplotadas, mientras los mineros “envejecen enterrados en resudor salitre”. Es decir, los mineros se han fusionado con la mina, boca profunda de la tierra.

Con ese mismo tono telúrico, destaca el poema “Petroglifos sangrientos”, una afirmación de su identidad de hombre de la tierra, producto de ella, forjador de sus oquedades y salientes mineros: “Conozco la noche, porque labré / en piedras galactitas mis manos”. Y esa identificación con la tierra lo lleva a buscar más allá de lo visible (“lo importante no es visible a los ojos”) y descubre “Colosal colina, llena de petroglifos… fragmentos de vasijas sordas, / regadas por el llano; son retazos de nuestra historia”.

Esos fragmentos de vasijas nos hablan desde tiempos inmemoriales y nos cuentan la otra historia, la de los vencidos, la vida cotidiana escondida en una vasija de barro, nos habla de cantos, de rimas y sueños.

“Lluvia en verano” se constituye en amalgama fina, barro amasado por manos intemporales, vasijas y minerales extraídos en tiempos que se pierden en el tiempo, pero que Alex Cano rescata para que no se olvide, que se sienta el olor a salitre del sudor minero, que sintamos las callosidades en las manos que forjaron los pueblos que viven en el llano chontaleño.

Son poemas para rescatar a los ancestros, la tierra, los cultos y ritos antiguos, la cultura de un pueblo que vivió y se multiplicó en “esta vaca echada” con sus ríos de leche y miel, como la recrea el poeta. Cano rinde homenaje a los abuelos de barro, a los mineros, hacheros, a todos los que forjaron con su esfuerzo, este bucólico pueblo, este homenaje se centra en evocar la poesía de un poeta chontaleño que ha calado muy hondo en sus raíces nutricias poéticas, Guillermo Rosthchuh Tablada, quien en su imaginario, crea y recrea los llanos chontaleños. Alex Cano sigue la ruta con ímpetu y nuevos bríos, porque “La vida no es la misma / cuando vuelves a ver atrás entre respiro y suspiro las espigas / son reventadas por el sol de las esperanzas…”

 

Sobre Alexander Zosa Cano

Docente, poeta y ensayista. Lic. en Ciencias de la Educación con mención en Lengua y Literatura Hispánica (2014). Actualmente ejerce la docencia en los niveles de educación primaria y secundaria en Juigalpa, Chontales. Ganador del III lugar en el Concurso Literario Nacional “Creando Cuentos para la Niñez en las Escuelas Normales 2009”; Primer lugar en el Concurso de Música Nacional en conmemoración de los XXIII aniversario de la UNAN-FAREM-Chontales (2011); Mención del Premio Único, III Concurso Nacional de Poesía Joven “Leonel Rugama”, 2013; Primer lugar en el Concurso de Declamación en conmemoración de los XXV aniversario de la UNAN-FAREM-Chontales (2013); Primer lugar en el Concurso de Poesía en conmemoración de los XXVI aniversario de la UNAN-FAREM-Chontales (2014); Reconocimiento por su “Destacada labor docente” (30 de agosto de 2014); Tercer lugar en el Concurso de Poesía Internacional “El mundo tiene alas” (Miami, 2014) y la Orden al Mérito Cultural “Eduardo Avilés Ramírez” (24 de octubre de 2014). Ha publicado los poemarios “Fuegos Fatuos” (Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores, 2012) y “Lluvia en verano” (Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores, 2014), ensayos de carácter histórico y literario: “Última estación” (Edición digital, 2013), y tiene sin editar: “Pablo Hurtado: Apuntes para su biografía” (2012), trabajo ensayístico que obtuvo el Primer lugar en la sala de Ciencias de la Educación y Humanidades en la X Jornada Universitaria de Desarrollo Científico, JUDC-2012, y “Anotaciones para la semblanza de Eduardo Avilés Ramírez” (2013) que obtuvo Mención en la JUDC-2013. Colabora en los siguientes rotativos: Revista Temas Nicaragüenses (Editor de sección); Revista La Mentira (Colombia); Revista Éxito (Juigalpa); Revista Pandemia (Matagalpa)  y en el Boletín Informativo  de Investigación e Innovación Educativa de la UNAN-FAREM-Chontales. En la actualidad es miembro de: Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH-Filial-Chontales), Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores, Circulo Literario Artístico de Nicaragua, CLAN “Jonathan Torres”, Museo Comunitario Juigalpan, Red de Museos Comunitarios de Chontales y de la Red de Museos Comunitarios de Nicaragua.

 

 

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