Cuentos

Breves de Jorge Campos (Nicaragua)

 

Jorge Campos

(Nicaragua, 1987)

 

 

Jorge Campos - Manuel Esquivel

Foto: Manuel Esquivel

 

 

Jorge Campos. Managua, Nicaragua 1987. Es poeta y licenciado en Economía. Ganador del primer lugar en cuentos del V Encuentro Nacional de Jóvenes Creativos por el Arte (Managua, 2004). En 2010 sus poemas “En pena” y “Hoguera” quedan en la Lista de Ganadores del VII Concurso Anual de Cuento breve y Poesía de la Librería Mediática (Venezuela). Ha publicado en diversas revistas electrónicas e impresas latinoamericanas, por mencionar: La Prensa Literaria, Círculo de Poesía, La Manufacturera, Letralia, Pórtico21, Resonancias Literarias, Entre líneas, Freelance Magazine Nicaragua, 400Elefantes, esQuisses, entre otras.

 

Un trago con Conan Doyle

Pude ver el fuego de mi chimenea crepitar en mi trago de whiskey. Lo miré fijamente, hasta darme cuenta que jamás tuve chimenea, ni tampoco un trago en mi mano, sólo hielo y fuego.

 

 

TortureShop

“La melancolía es la peor de las autoflagelaciones” -Les ofertaba desde el mostrador a quienes ingresaban a la tienda de látigos.

 

 

El ciclo del tiempo

Apagó la luz. Dijo que no quería saber del tiempo porque era de los demonios, el más perverso. Las horas pasaron y él, sin darse cuenta, volvió al vientre de su madre para empezar de nuevo.

 

 

El pájaro rojo

El pájaro rojo aterido cayó a mis pies a la orilla desprevenida. Estaba cansado, herido y rogó sumergirlo en el mar violento. Lo tomé en mis manos y lo sumergí hasta borrarlo todo, hasta ver al mar hecho alas y a las piedras pico. Lo sumergí profundo, distante, sin tiempo. Y salió un pájaro nuevo; no respiraba, pero volvió a volar. Ahora lo entiendo todo, quiero ser sumergido.

 

 

El Ángelus

Traté de enderezar el reloj que estaba en la mesa. Me dijeron que era una tarea imposible porque era el reloj de Dalí y a él no le gustaba nada derecho. En efecto, el aparato se rehusó a ser corregido. Luché sin éxito y cansado me fui a dormir.

Desperté con la solución inequívoca para corregir mi molestia. Fui a buscarlo. Y sin previo aviso, con pasos silenciosos una cadena de 400 elefantes de patas larguiruchas vinieron por mí, a impedir que tocara el bendito reloj. Yo no tuve más remedio que arrodillarme sobre una piedra en el intento por detenerlos, amenazándolos con una cruz. No sirvió de nada, y terminé hecho polvo cósmico en un canasto viejo frente a dos campesinos en recogimiento cuando las campanas de El Ángelus empezaron a sonar.

 

 

por Kyle Thompson

por Kyle Thompson

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