Columnas/Goteras de Casa

La lluvia dentro

 

 

Alexánder Buitrago Bolívar - Revista Vortice

por Alexánder Buitrago Bolívar (@Al1234com)

 

 

Nadie sabe el número de goteras de mi casa. Hay tantas que a veces, en invierno, me da miedo permanecer allí por temor a morir ahogado en mi propia casa. Es un temor inaudito como el de vivir en un país donde la impunidad rampante es el pan nuestro de cada día. Claro, mi casa es sencilla, normal, cotidiana, usual como el aire o la calle que todos transitan. Sí, lo sé. Sin embargo, es un temor el mío alimentado quizás por el conflicto armado que ha sacudido todos los niveles y estructuras en nuestro país por más, más de cuarenta años…es imposible no oír los trenes llenos de muertos que pitan en las páginas de las novelas de Gabriel García Márquez, nuestro nobel colombiano… y los periodistas asesinados, los defensores de los derechos humanos…

Y es tanta la fatiga de las calles que mis zapatos se descosen no solamente cuando llueve o hace frío sino ante la indiferencia ante tanto odio, venganza, matanza… basta ver las noticias que destilan sangre entre cada sección o las novelas de larga duración que reproducen una realidad distorsionada ideada por la imaginería de los libretistas que buscan superar el raitng en una guerra sin cuartel que lo último que busca es apostarle a la educación, o promover la cultura…de la paz, eso basta para aletargarnos, adormecernos. Y, obvio, se le cree más al cantante de turno o al reality show del momento que aconseja cómo vestir, vivir, comer, amar o morir light, cool, a la moda, el profe está out; mientras, yo en mi casa reacomodo los muebles viejos para que no se mojen, pongo la comida del gato encima de la nevera, desconecto los pocos electrodomésticos que tengo para evitar algún corto circuito y me preparo para luchar contra el agua que ha llegado a la cocina. Sin zapatos, pantalón a la rodilla y trapero en mano quisiera que las cosas fueran diferentes, lo hago con fuerza y vehementemente como si de un tachón o en este caso a punta de trapero soñara una educación mejor, la paz y la justicia para todas las víctimas del conflicto armado en el país, empleo digno y respetable para todos…es más fácil soplar y hacer botellas.

El agua aprovecha los desniveles de mi casa para huir de mi trapero y depositarse debajo de las camas, en el baño y a lo mejor trate de subir las escaleras… es difícil guarecerse del volumen del invierno, incluso dentro de la casa que se creía brindaría seguridades. No tengo fotografías familiares, todavía, aunque podría pensar en colgar, más que mis escritores favoritos, los rostros de las víctimas de los falsos positivos o las listas de los desaparecidos en la toma del Palacio de Justicia hace veinte años para hacer un llamado a mi conciencia, para no creer que todo está bien, para no dormirme cuando asisto a los debates al congreso; sí, definitivamente debo cambiar de trapero, buscar otro balde, apagar la televisión, fumarme un cigarrillo, no pensar tanto o mejor callar lo que pienso, leer a André Bretón o a Margarito Cuellar, no ser tan negativo, nada es tan malo como parece, ni siquiera el desastre ecológico en el país –no sola a causa de la minería-, bueno, digo, ya capturaron a quienes mataron a los niños en San Vicente del Caguán, la justicia cojea pero llega, incluso aquí en la Colombia de Shakira, Juanes, Carlos Vives, Gabriel García Márquez, Patarroyo (¿qué pasaría con su vacuna contra la malaria?), Llinás, Julio Garavito, Estanislao Zuleta…y una lista innumerable de héroes que a diario aportan granos de paz y de alegría con sus triunfos y aportes en todos los campos a la humanidad… ¿y qué de la gente anónima que lucha en silencio y sin la fanfarria de los medios?, me pregunto ansioso sin hallar respuesta.

La cosa en Colombia no está tan mal, afirmo, después de todo, las pequeñas soluciones silenciosas como reparar la propia casa pueden funcionar. O inmolarse. Sí, es necesario que yo mismo repare el techo. A lo mejor me queden mejor puestas las tejas de mi casa que las palabras de mi próxima columna. Ya está seco el piso. Mi ro estas grietas que me miran a través de su oscuridad y ni siquiera son monumentales, grandiosas como la expuesta por nuestra Doris Salcedo en el Tate Museum en Londres. Me dirijo a la cocina, prendo la estufa para calentar la sopa de pollo y me siento a disfrutar mi cigarrillo y reunir fuerzas para escribir… quiero creer que nada de esto ha ocurrido, no se inundó mi casa, no me despidieron del trabajo y sé qué voy a hacer mañana por la mañana; tal vez en clase, en la universidad, quiera compartir con los estudiantes mi devoción a los libros y el placer transformador de la escritura.

 

 

Sobre el autor

Zipaquirá, Colombia, 1977. Docente de español y literatura. Ha participado en la Fundación Siembra, Zaguán de Poesía y en Los Impresentables. Publicó “Estación del fuego” en 2007. Ha obtenido varios reconocimientos por su trabajo literario: Primer puesto en el II Concurso “La memoria de nuestros pueblos: Homenaje a los estudiantes caídos en soledad”; mención en elIX Concurso Bonaventurano de Cali; mención en el XXVI Concurso de Poesía y Cuento de la Universidad Externado de Colombia. Y segundo puesto en el XII Concurso de poesía Eduardo Carranza en el año 2014. Además, ha publicado en varias revistas: Universidad de La Salle No. 60, Actas del CILEC 2013, Letralia, Cerosetenta de la Universidad de Los Andes y Puesto de Combate No. 80. Más sobre Buitrago Bolívar: www.esquinasazules.blogspot.com

por Maggie Taylor

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