Columnas/Goteras de Casa

Falke

Alexánder Buitrago Bolívar - Revista Vortice

Por Alexánder Buitrago Bolívar (@Al1234com)

 

 

Querido amigo,

me disculpo por responder hasta ahora tu carta. Te escribo desde Bogotá (Colombia), también tu tierra; extrañarás la bandeja paisa, la arepa de huevo, el tamal, Monserrate, los paisajes, la gente, la osadía de subirse a Transmilenio en las horas pico –diría que las horas más congestionadas, pero siempre es así-… pero imagino que en Venezuela, tu patria, estás a gusto en tu labor teatral y literaria. Me he enterado que la obra teatral (Julia) en la que trabajas, a la cual le has apostado todo, va viento en popa. Me alegro por ti. Habías sido claro en tu misiva. Y permíteme citarte textualmente: “…seguro conocerás también del gran Reinaldo Arenas, escritor cubano y homosexual, detractor del régimen de Castro, se trata de su biografía: Antes que anochezca…Y, finalmente, Falke, de Federico Vegas, en mi opinión, una de las mejores historias de la literatura Venezolana…”.

Créeme que aún no me reponía de Antes que anochezca, obra que me conmovió profundamente, no solamente por su honestidad frente al lector y por sus ideas políticas sino porque destila humanidad en cada página del libro; aún pienso, mientras hago la interminable fila en la EPS para que aprueben un medicamento de mi madre o cuando no publican los periódicos de mi país los últimos desaparecidos o algún padre de la patria niega frente a las cámaras de televisión lo que para todos es evidente, aún pienso que Reinaldo Arenas tuvo que escribir más de trescientas páginas autobiográficas para suicidarse, no tanto por el sida que lo aquejaba sino por la tragedia personal que le quebró el alma, le rompió las alas, derribaron los árboles del bosque para hacer aviones de papel…

Porque no se puede vivir cuando, por ejemplo, se le niegan los derechos a alguien sólo por ser abiertamente homosexual, porque esa “enfermedad”  lastima nuestra virilidad, va en contra de la Biblia, etc…. Pero, si vemos más allá de esta absurda polémica homofóbica en la que seguimos enfrascados hoy día, vemos a un hombre total que amaba la vida hasta el tuétano y que gozaba la vida hasta más allá de lo permitido por el régimen, un hombre que optó por ser feliz aunque no lo dejaran, que quiso ser escritor no obstante los perseguidores, un ser humano, un escritor no lastimero ni autocompasivo ni autocomplaciente con su prosa, sino, al contrario, con una deslumbrante literatura ya desde sus novelas iniciales como El palacio de las blanquísimas mofetas o El mundo alucinante –novelas que seguro ya leíste-, ésta última, El mundo alucinante, novela con la cual aluciné –o alucino-, novela que me hubiese gustado escribir.

Reinaldo Arenas, pienso, amó la vida, disfrutó escribir y sufrió a lo mejor hasta minutos antes de morir exiliado en Estados Unidos, siempre viviendo a la deriva como un barco… y luego, amigo, Falke, novela que prometía a primera vista de portada una lectura tranquila, sin sobresaltos de ningún tipo, una plácida prosa que me llevaría por mares no turbios hasta el final de sus casi quinientas páginas. Pero no. Y no quiero, no me atrevo a despachar con un adjetivo la situación a todo novel que vive tu país , prefiero limitarme a revivir mi viaje en el Falke, a la tragedia doble y a una victoria impostergable a la que el lector asiste al acercarse a este relato que deambula entre la crónica periodística y el diario de abordo: es doble tragedia porque, por un lado, el grupo disidente que derrocaría a Juan Vicente Gómez que zarpa en el Falke es derrotado desde el inicio de la novela, y por otro, el rechazo por parte de Rómulo Gallegos al rechazar escribir una novela a partir de las carpetas escritas por Veguitas durante y después del fracaso del Falke.

Aunque pudo ser otra victoria, más acá del artificio narrativo. El mismo Rómulo Gallegos no quiere tocar lo que por sí sólo es aplastante, no cabe él en el relato y claro que le hubiera gustado; el mismo Gallegos expresa la altura del texto facilitado por Rafael Vegas, melancólico sobreviviente de la tragedia del Falke: “usted ha volcado con tal entereza esos dos años cruciales de su vida que ya no podrá compartirlos sino a través de la silenciosa relación que establece un lector con sus lectores”. El lector, incluso quienes –como yo- no hemos leído la historia de Venezuela, el lector en más de la mitad del relato viaja en el Falke como un marino más al lado de Rafael Veguitas con la esperanza de que el armamento y los hombres sean suficientes para derrocar al tirano. Nunca se pierde la esperanza, incluso sabiendo que después de llegar angustiados a la última página de Falke, se seguirá derramando sangre para beneficiar al tirano.

Por lo pronto, yo, querido amigo,  prefiero la única victoria del relato, ese otro final: Veguitas estudia medicina en París, el tirano muere de viejo y publicaron Falke.

Espero, muy pronto, tener noticias tuyas sobre tus aventuras teatrales y literarias.

Abrazos.

 

Foto: Berman González

Foto: Berman González

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s